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a) El aspecto clínico de ambas lesiones, de
piel y de mucosa oral, hace sospechar un sarcoma de Kaposi.
b) En todos los casos en que se establece este diagnóstico
clínico, la confirmación se hace mediante el estudio
histológico de piel obtenida con sacabocado o de mucosa
oral biopsiada por un cirujano especializado. Si estas mismas
lesiones son observadas por endoscopía digestiva o bronquial
no está indicado realizar biopsia por el riesgo de sangrado
y porque la localización submucosas las hace generalmente
inaccesibles a pinza de biopsia.
c) El sarcoma de Kaposi es la patología tumoral
más frecuente del SIDA. Es más frecuente en infectados
VIH homo o bisexuales, aunque también se observa en otros
grupos de infectados. Si bien no se conoce su etiología
se piensa que el herpes virus 8 humano pudiera estar implicado
en su desarrollo. Las lesiones se localizan en piel, mucosas,
ganglios y también en vísceras, particularmente
tracto gastrointestinal (estómago, duodeno, colon, recto)
y pulmón. Tiene un origen multicéntrico,
a partir del endotelio capilar o linfático. El compromiso
linfático explica el importante linfoedema que puede observarse
en algunos casos. Si bien en su inicio la enfermedad es asintomática,
con la evolución puede causar dolor, necrosarse, sangrar
y ocasionar obstrucción.
Los elementos clínicos que empeoran el pronóstico
son: la existencia de más de 25 lesiones, su crecimiento
rápido en número y/o tamaño en el curso
de algunos meses, el compromiso extracutáneo, la presencia
de síntomas constitucionales, infecciones oportunistas
previas, la coexistencia de anemia y/o neutropenia graves. Pero
el compromiso del estado inmunitario debe ser especialmente valorado
si se quiere estimar el tiempo de sobrevida. Se estima que solo
30% de los que tienen menos de 100 linfocitos CD4/mm3 sobrevivirán
más de 1 año.
La causa habitual de muerte de los enfermos con sarcoma de Kaposi
es una infección oportunista en relación al SIDA.
d) Para tratar el sarcoma de Kaposi se propone mejorar
el estado inmunitario asociando o no drogas antineoplásicas.
Los tratamientos deben ser individualizados, considerando los
beneficios que puedan obtenerse con la medicación y sus
potenciales efectos desfavorables sobre el sistema inmunológico
y la médula ósea.
Se han observado estabilizaciones y remisiones parciales con
la sola administración de la triterapia antirretroviral.
Las indicaciones del tratamiento antitumoral son: razones estéticas,
dolor o molestias locales, grandes masas tumorales, linfedema,
compromiso pulmonar o enfermedad rápidamente progresiva.
El tratamiento local es paliativo y tiene como finalidad aliviar
el dolor o reducir el tamaño de las lesiones. Para ello
se puede indicar: cirugía, radioterapia, crioterapia o
inyección intralesional de vinblastina o vincristina.
El tratamiento sistémico está indicado en casos
de enfermedad progresiva o sintomática diseminada o cuando
hay enfermedad visceral. Las dos alternativas son: alfa interferón,
solo o asociado con antivíricos, y drogas antineoplásicas
combinadas o en monoterapia. El interferón alfa ha resultado
útil en enfermos con estado inmune aceptable y enfermedad
poco progresiva. Cuando hay factores de mal pronóstico
se prefiere la quimioterapia antineoplásica.
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