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 Resumen de la historia clínica

Paciente de 33 años, sexo masculino, soltero, promiscuo sexual, procedente de Montevideo. Hace 4 años se le realizó estudio serológico para VIH el que resultó positivo.

Posteriormente no se controló ni recibió ninguna medicación. Consultó por la aparición de lesiones en piel las que no le provocaron ninguna molestia pero lentamente fueron aumentado en tamaño y número. Negó síntomas respiratorios y digestivos. Refirió leve repercusión general en los últimos 6 meses y escasos sudores nocturnos. No se controló la temperatura.


En el examen físico se destacó: Buen estado general, temperatura axilar de 37°C, lesiones papulosas en piel de tobillo, de unos 4 mm de diámetro, de color rojo vinoso, no dolorosas; mucosas hipocoloreadas y húmedas; placa de color vinoso, no sobreelevada en paladar; pequeñas adenomegalias libres y elásticas en todos los territorios ganglionares. Abdomen, aparato respiratorio y cardiovascular, normales.

   
 

Preguntas:

a) Cuál es el diagnóstico clínico de la enfermedad que complica la infección VIH de este enfermo?

b) Cómo confirmaría tal sospecha?

c) Qué comentarios le merece esta patología?

d) Qué tratamiento propone?


 

Respuestas:

a) El aspecto clínico de ambas lesiones, de piel y de mucosa oral, hace sospechar un sarcoma de Kaposi.


b) En todos los casos en que se establece este diagnóstico clínico, la confirmación se hace mediante el estudio histológico de piel obtenida con sacabocado o de mucosa oral biopsiada por un cirujano especializado. Si estas mismas lesiones son observadas por endoscopía digestiva o bronquial no está indicado realizar biopsia por el riesgo de sangrado y porque la localización submucosas las hace generalmente inaccesibles a pinza de biopsia.


c) El sarcoma de Kaposi es la patología tumoral más frecuente del SIDA. Es más frecuente en infectados VIH homo o bisexuales, aunque también se observa en otros grupos de infectados. Si bien no se conoce su etiología se piensa que el herpes virus 8 humano pudiera estar implicado en su desarrollo. Las lesiones se localizan en piel, mucosas, ganglios y también en vísceras, particularmente tracto gastrointestinal (estómago, duodeno, colon, recto) y pulmón.
Tiene un origen multicéntrico, a partir del endotelio capilar o linfático. El compromiso linfático explica el importante linfoedema que puede observarse en algunos casos. Si bien en su inicio la enfermedad es asintomática, con la evolución puede causar dolor, necrosarse, sangrar y ocasionar obstrucción.

Los elementos clínicos que empeoran el pronóstico son: la existencia de más de 25 lesiones, su crecimiento rápido en número y/o tamaño en el curso de algunos meses, el compromiso extracutáneo, la presencia de síntomas constitucionales, infecciones oportunistas previas, la coexistencia de anemia y/o neutropenia graves. Pero el compromiso del estado inmunitario debe ser especialmente valorado si se quiere estimar el tiempo de sobrevida. Se estima que solo 30% de los que tienen menos de 100 linfocitos CD4/mm3 sobrevivirán más de 1 año.

La causa habitual de muerte de los enfermos con sarcoma de Kaposi es una infección oportunista en relación al SIDA.


d) Para tratar el sarcoma de Kaposi se propone mejorar el estado inmunitario asociando o no drogas antineoplásicas. Los tratamientos deben ser individualizados, considerando los beneficios que puedan obtenerse con la medicación y sus potenciales efectos desfavorables sobre el sistema inmunológico y la médula ósea.

Se han observado estabilizaciones y remisiones parciales con la sola administración de la triterapia antirretroviral.

Las indicaciones del tratamiento antitumoral son: razones estéticas, dolor o molestias locales, grandes masas tumorales, linfedema, compromiso pulmonar o enfermedad rápidamente progresiva.

El tratamiento local es paliativo y tiene como finalidad aliviar el dolor o reducir el tamaño de las lesiones. Para ello se puede indicar: cirugía, radioterapia, crioterapia o inyección intralesional de vinblastina o vincristina.

El tratamiento sistémico está indicado en casos de enfermedad progresiva o sintomática diseminada o cuando hay enfermedad visceral. Las dos alternativas son: alfa interferón, solo o asociado con antivíricos, y drogas antineoplásicas combinadas o en monoterapia. El interferón alfa ha resultado útil en enfermos con estado inmune aceptable y enfermedad poco progresiva. Cuando hay factores de mal pronóstico se prefiere la quimioterapia antineoplásica.

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