Dra. Mariela Vacarezza
Introducción
Las quinolonas integran
una familia de antibióticos conocida desde la década
del 60, a partir de la investigación de antimaláricos.
La primer quinolona usada en clínica fue el ácido
nalidíxico, introducido en 1962. Junto con el ácido
pipemídico, obtenido en 1973, integran la primera generación
de quinolonas. El segundo tiene un espectro de acción más
amplio y mejores propiedades farmacocinéticas. Ambos fueron
considerados antisépticos urinarios.
Desde entonces se han sintetizado e investigado gran número
de quinolonas, buscando incrementar su actividad y espectro de
acción y reducir sus efectos adversos.
Las quinolonas de segunda generación son derivados fluorados
o fluoroquinolonas (FQ). Existe una tercera generación
integrada por derivados bi y trifluorados y actualmente están
en desarrollo las de cuarta generación.
La primer FQ en aparecer fue norfloxacina (1978), lo que significó
un importante adelanto por su mayor potencia y espectro antibacteriano.
Con posterioridad surgieron: ciprofloxacina (1987), ofloxacina
(1991), enoxacina, lomefloxacina y temafloxacina (1992), levofloxacina
y sparfloxacina (1997), trovafloxacina y grepafloxacina (1998),
gatifloxacina y moxifloxacina (1999). Gemifloxacina está
en investigación. Algunas de ellas fueron retiradas del
mercado, después de aprobada su comercialización
o se ha restringido su uso, por sus efectos tóxicos (sparfloxacina,
trovafloxacina, grepafloxacina).
Aunque las primeras quinolonas tenían actividad sólo
contra bacterias aerobias gramnegativas y eran eficaces para tratar
infecciones gastrointestinales y urinarias, las nuevas quinolonas
se han convertido en un armamento muy importante contra mayor
número de infecciones. Ello deriva del mayor espectro de
actividad, su buena biodisponibilidad y penetración tisular.
Como consecuencia de su uso extensivo en los últimos años,
se ha observado un incremento progresivo de cepas resistentes.
Estructura química
Las quinolonas son antibióticos
obtenidos por síntesis. El núcleo central de su
estructura es el anillo 4-oxo-1,4-dihidroquinoleína. En
su estructura básica las FQ se distinguen de su predecesora,
el ácido nalidíxico, en agregar 1 (en posición
6) o más átomos de fluor. Con ello aumenta la capacidad
de penetración al interior de la célula bacteriana
y la afinidad por la girasa.
La diferencia estructural entre las FQ está basada en los
cambios hechos en posición 1, 5, 7 y 8. Ello explica la
diferente actividad, vida media y toxicidad de los distintos componentes
de la familia y ha llevado a clasificar las quinolonas en primera,
segunda, tercera y cuarta generación.
Mecanismo de acción
Las quinolonas actúan
en el interior de la bacteria, penetrando a través del
canal acuoso de las porinas. Son los únicos agentes antibacterianos
que ejercen su actividad bactericida uniéndose a topoisomerasas
bacterianas e inhibiéndolas; aunque éste no sería
el único mecanismo de acción.
Las topoisomerasas son enzimas que controlan el superenrollamiento
y desenrollamiento del ADN bacteriano. El superenrollamiento permite
a la larga molécula de ADN empaquetarse dentro de célula
bacteriana. Esta estructura debe ser desenrollada para permitir
diferentes funciones como replicación, transcripción
y reparación del ADN. La inhibición de la actividad
de estas enzimas impide a la célula bacteriana producir
las proteínas necesarias para su reparación, crecimiento
y reproducción. Una inhibición prolongada conduciría
así a la muerte de la célula.
Existen 4 tipos de topoisomerasas. Las quinolonas actuaría
a nivel de ADN-girasa (también llamada topoisomerasa tipo
II) y de la topoisomerasa tipo IV. No actúan a nivel de
las topoisomerasas I y III.
La compleja interacción de las quinolonas con las topoisomerasas
es la base del diferente espectro antibacteriano de las quinolonas
y también de la selección de cepas resistentes.
La actividad de las quinolonas contra las bacterias grampositivas
se debe a su acción "blanco" en las topoisomerasas
IV, en cambio la actividad contra las bacterias gramnegativas
es por su acción "blanco" en las topoisomerasa
II o ADN-girasa.
Actividad antibacteriana
Las FQ son antibióticos
bactericidas, de penetración intracelular.
Las quinolonas de primera generación son activas
frente a microorganismos gramnegativos, con excepción de
Pseudomonas spp. y otros bacilos gramnegativos no fermentadores.
Las quinolonas de segunda generación son fármacos
predominantemente activos frente a bacterias gramnegativas. También
tienen buena actividad contra algunos gérmenes grampositivos
y micobacterias. Ciprofloxacina es la más activa contra
Pseudomonas aeruginosa. Sin embargo su actividad frente
a Acinetobacter y S. maltophilia es moderada. Estas
fluoroquinolonas son activas contra S. aureus, pero tiene
escasa actividad frente a S. pneumoniae y otras especies
de Streptococcus. Su actividad es escasa contra Enterococcus
spp. Tienen baja actividad contra anaerobios.
Las de tercera y cuarta generación mantienen la
buena actividad de las de segunda generación frente a gramnegativos
y micobacterias, pero presentan mejor actividad frente a grampositivos,
anaerobios y patógenos "atípicos".
Las quinolonas más recientes (levofloxacina y moxifloxacina)
tienen buena actividad frente a cocos grampositivos, incluyendo
cepas de S. pneumoniae resistente a penicilina y S.
Aureus meticilinosensible. S. aureus meticilino-resistente
es habitualmente resistente.
La actividad contra Mycobacterium tuberculosis y M.
avium es variable, siendo los más eficaces: Moxifloxacina,
ciprofloxacina y ofloxacina. Ofloxacina y pefloxacina son activos
contra M. leprae.
Los patógenos "atípicos" (Chlamydia
spp, Mycoplasma spp. y Legionella spp.) son muy
sensibles a las nuevas quinolonas.
Levofloxacina y en especial moxifloxacina son clínicamente
activas contra la mayoría de las especies de anaerobios.
Ninguna de las quinolonas en uso es activa frente a Treponema
spp. ni Nocardia spp.
Este amplio espectro de actividad de las fluoroquinolonas permite
su uso en una variedad de infecciones de: aparato urinario, piel,
partes blandas, hueso, aparato respiratorio.
Como sucede con los aminoglucósidos la actividad bactericida
de las quinolonas se relaciona con el "pico" o concentración
máxima alcanzada.
Todas las fluoroquinolonas tienen un prolongado efecto postantibiótico
contra la mayoría de gramnegativos. El efecto post antibiótico
se refiere a la inhibición del crecimiento bacteriano,
después de una breve exposición a un antibiótico,
cuando ya las concentraciones del fármaco no son eficaces.
La magnitud del efecto postantibiótico influye en el diseño
de los regímenes posológicos.
Mecanismo de resistencia
El número de
bacterias resistentes a las quinolonas ha ido aumentando, lo que
se relaciona a la presión selectiva de su extenso uso.
Esto puede ocurrir durante el tratamiento, especialmente en infecciones
por Pseudomonas, lo que es más frecuente si el paciente
recibió previamente la droga y los niveles sanguíneos
alcanzados no son los adecuados.
La resistencia de las bacterias a la acción de las quinolonas
se desarrolla por 2 mecanismos fundamentales:
a) alteraciones estructurales de la subunidad A de la girasa,
lo que impide la unión de la quinolona a esta enzima y
b) alteraciones de la permeabilidad de la pared celular.
a) La alteración de la ADN-girasa parece ser el factor
principal de resistencia y consiste en la alteración de
alguno de los aminoácidos en posición 67 a 106 de
la subunidad A de la girasa. Diferentes mutaciones a ese nivel
dan lugar a enzimas que no pueden unirse a las quinolonas. El
grado de resistencia se relaciona con el número de mutaciones
en esa subunidad. Para S. aureus y P. aeruginosa
es suficiente una sola mutación. La resistencia a las quinolonas
emerge más rápidamente cuando S. aureus es
meticilino-resistente. Para E. coli se necesita más
de 1 mutación.
b) La impermeabilidad bacteriana se relacionaría con la
disminución de algún tipo de proteína de
la membrana externa o la modificación de los lipopolisacáridos
de la membrana, con lo que se alteran las porinas, canales acuosos
de la membrana externa. Esto impide la entrada de estos antibióticos
a la bacteria. Este mecanismo afecta únicamente a las bacterias
gramnegativas.
La resistencia de debe a mutación cromosómica, ya
que al ser estos antibióticos inhibidores de la síntesis
de ADN, es difícil la aparición de plásmidos
transmisores de estas resistencias, aunque ya han sido descritos.
La resistencia es cruzada entre las distintas FQ, pero no es del
mismo grado para todas.
Farmacocinética
Las quinolonas se absorben
bien del tracto gastrointestinal superior después de su
administración oral. Las FQ tienen una biodisponibilidad
que supera el 50% en todos los compuestos y se aproxima a 100
% en algunos. Así norfloxacina sólo se absorbe 50%,
ciprofloxacina 70%, el resto de FQ presentan una absorción
casi completa entre 97 y 100%.
Esta alta biodisponibilidad permite el tratamiento por vía
oral o el rápido pasaje de vía parenteral a oral
cuando las condiciones del paciente lo permiten.
Por lo general se alcanzan concentraciones séricas pico
dentro de 1 a 3 horas de administrada una dosis. Los alimentos
no reducen de manera sustancial la absorción de las quinolonas,
pero pueden prolongar el tiempo en que se alcanza la concentración
sérica máxima.
Algunos medicamentos como las sales de aluminio, de magnesio o
de hierro impiden su absorción, por lo que es necesario
separar su administración al menos en 2 horas.
Las FQ se difunden ampliamente debido a su baja unión a
las proteínas plasmáticas, a su solubilidad y al
grado de ionización.
Alcanzan concentraciones elevadas en tejidos y a nivel intracelular,
atraviesan barreras, sobre todo si están inflamadas (meninges,
placenta, próstata) y penetran bien en el interior de las
células, sobre todo en los macrófagos y polimorfonucleares,
por lo que son antibióticos adecuados para tratar infecciones
producidas por gérmenes intracelulares. Las concentraciones
en orina, tejido renal, prostático, materia fecal, bilis,
pulmón, macrófagos y neutrófilos suelen superar
las concentraciones séricas. Por lo general las concentraciones
de las quinolonas en saliva, líquido prostático,
hueso y líquido céfalo raquídeo son más
bajas que en el suero. Se ha observado penetración de pefloxacina
(72% de la concentración sérica) y de ofloxacina
(120%) en el líquido de ascitis.
Estos antibióticos atraviesan la barrera placentaria y
se acumulan en el líquido amniótico, se excretan
por la leche materna alcanzando un 75% de las concentraciones
plasmáticas.
Los niveles séricos pueden ser mayores en el anciano, porque
la absorción es mayor y el aclaramiento renal menor. Como
norfloxacina no alcanza concentraciones séricas suficientes
para algunas bacterias, raramente se indica para infecciones fuera
del tracto gastrointestinal o genitourinario.
Las principales vías de eliminación difieren entre
las quinolonas. La eliminación se produce principalmente
por vía renal, como fármaco inalterado, en el caso
de ofloxacina y lomefloxacina. La eliminación biliointestinal
es predominante en el caso de pefloxacina. Algunos de los metabolitos
pueden sufrir circulación entero-hepática. Ciprofloxacina,
enoxacina, fleroxacina y norfloxacina presentan una eliminación
mixta, renal y biliar. Como consecuencia todas las quinolonas
excepto pefloxacina, alcanzan altos niveles urinarios.
La vida media de los fármacos que se excretan por vía
renal (ofloxacina), aumenta cuando hay insuficiencia renal severa.
Por eso hay que adaptar las dosis con relación a la vía
de eliminación del fármaco administrado y al aclaramiento
de creatinina: cuando es menor de 50 ml/min. para ofloxacina,
e inferior a 30 ml/min. para norfloxacina, ciprofloxacina, lomefloxacina
y enoxacina. No está indicado disminuir la dosis de ácido
nalidíxico ni de pefloxacina.
Si el paciente padece disfunción hepática habrá
que reducir la posología de pefloxacina y únicamente
habrá que ajustar la dosis del resto de quinolonas cuando
se asocien disfunción de ambos órganos o cuando
alguna de ellas sea grave.
Interacciones farmacocinéticas
Las quinolonas muestran
marcada reducción de la biodisponibilidad cuando se las
coadministra por vía oral con antiácidos que contienen
aluminio, magnesio o calcio, con sales de hierro o zinc, presumiblemente
debido a la formación de complejos catión-quinolona
que se absorben escasamente. El sucralfato, que contiene grandes
cantidades de iones aluminio, reduce de manera similar la absorción
de las quinolonas. Si bien al distanciar las tomas de antiácidos
y quinolonas, puede reducir esa interacción, esta conducta
pueda ser no totalmente segura en algún paciente individual.
En pacientes que toman quinolonas y que necesitan disminuir su
acidez gástrica, se prefiere usar los antagonistas de receptores
de histamina (cimetidina y ranitidina) que sólo pueden
retrasar la absorción.
Algunas quinolonas pueden interferir en la eliminación
de las metilxantinas (teofilina y cafeína), aunque en distinto
grado. Se debe monitorizar los niveles séricos de teofilina
en los pacientes medicados con quinolonas y teofilina y considerar
reducir las dosis de teofilina.
Los antiinflamatorios no esteroideos pueden incidir en los efectos
estimulantes de las quinolonas sobre el SNC. Se comunicaron convulsiones
en enfermos que recibían enoxacina y fenbufen.
Con algunas quinolonas se ha observado un aumento del efecto anticoagulante
de la warfarina, por lo que se recomiendan controles frecuentes
con INR.
Efectos adversos
Las quinolonas en general
son bien toleradas, con un perfil de seguridad similar para todos
los componentes del grupo. Existen pequeñas diferencias
tanto en la incidencia como en el tipo de reacciones de los fármacos.
En su mayoría las manifestaciones son leves y retroceden
al suspender la droga.
Los efectos adversos más frecuentes son alteraciones gastrointestinales,
seguidos de síntomas neurosiquiátricos y de reacciones
cutáneas de hipersensibilidad.
Al nivel gastrointestinal pueden observarse náuseas, vómitos,
diarrea, dolor abdominal, pérdida del apetito y malestar
abdominal. La colitis por Clostridium difficile no es común.
Entre las manifestaciones adversas neurológicas más
frecuentes se describen mareo, cefalea, insomnio, alucinaciones.
Se destacan, por su gravedad, las convulsiones y las reacciones
maníacas o psicóticas, especialmente en personas
con enfermedades previas del SNC: epilepsia, tumores cerebrales,
arterioesclerosis, hipoxemia cerebral o alteraciones metabólicas,
por lo que se recomienda evitar estos antibióticos en estos
enfermos. El riesgo de convulsiones aumenta con la administración
concomitante de algunos fármacos como: antiinflamatorios,
teofilina o foscarnet.
Las quinolonas pueden alterar el tiempo de reacción y el
sentido de alerta, por lo que es importante advertírselo
a los pacientes que conducen vehículos o manejan maquinarias
peligrosas.
Durante el tratamiento con quinolonas pueden observarse reacciones
cutáneas de hipersensibilidad, como rash y prurito. En
general son leves o moderadas y ceden al suspender el tratamiento.
Se han descrito formas más graves, pero con una baja incidencia.
La hipersensibilidad es cruzada entre las diferentes quinolonas.
Fueron descritas reacciones de fotosensibilidad con esparfloxacina,
lomefloxacina y enoxacina, por lo que debe evitarse la exposición
al sol hasta 5 días después de discontinuada la
droga.
Como afectan el desarrollo del cartílago están contraindicadas
en los niños, adolescentes, embarazadas y mujeres en lactancia.
Otro efecto adverso es la tendinitis y rotura del tendón
de Aquiles.
Las FQ causan prolongación del intervalo QT, por lo que
no deben usarse en pacientes con síndromes congénitos
o adquiridos de prolongación de QT.
En la esfera hematológica pueden producir: leucopenia y
eosinofilia. También se puede observar aumento de transaminasas.
A nivel renal han sido descritas: hiperazoemia, cristaluria y
nefritis intersticial.
Indicaciones clínicas
Las FQ tienen una utilidad
clínica muy extensa, lo que se basa en su efecto bactericida,
su amplio espectro de actividad, buena absorción por vía
digestiva, amplia distribución en los tejidos, prolongada
vida media, prolongado efecto postantibiótico, de lo que
resultan planes terapéuticos eficaces y cómodos.
Aunque son eficaces y fueron aprobadas para su administración
en muchas infecciones, no siempre constituyen el antibiótico
de elección. Su uso debe restringirse a esos casos y no
indicarlas en forma indiscriminada, para evitar la creciente resistencia
de los microorganismos, lo que lleva a una pérdida de su
utilidad clínica.
- Infecciones urinarias
Las quinolonas de primera generación pueden indicarse para
la profilaxis o el tratamiento de infecciones urinarias bajas
no complicadas, teniendo en cuenta por ejemplo que no son activas
frente a S. saprophyticus.
Las quinolonas de segunda generación son útiles
para tratar infecciones urinarias complicadas o no, sobre todo
en las que afectan parénquima renal y en prostatitis. Esto
se basa en su excelente actividad contra los uropatógenos
más habituales, la alta concentración que adquieren
en orina y su buena penetración en el tejido prostático.
Cuando las orinas son alcalinas, estos antibióticos pueden
perder eficacia.
Son de elección para iniciar un tratamiento empírico,
el que luego debe adaptarse al resultado del estudio bacteriológico.
En infecciones urinarias no complicadas de la mujer, si el germen
es sensible a trimetoprim-sulfametoxazol, se lo prefiere por su
menor costo ya que es igualmente activo, reservando las FQ para
las infecciones urinarias complicadas y para pacientes alérgicos
a las sulfas.
Las quinolonas, al igual que trimetoprim-sulfametoxazol, eliminan
los gérmenes de los reservorios (vaginal, perirrectal y
perineal), sin alterar la flora normal del intestino y vagina,
por lo que disminuye la frecuencia de las recidivas de las infecciones
urinarias.
De las nuevas quinolonas, levofloxacina está aprobada para
el tratamiento de infecciones urinarias altas y bajas.
- Prostatitis
Las FQ penetran bien en la próstata, concentrándose
en el tejido prostático en niveles mayores que en el líquido
prostático. Son muy activas contra los enterobacilos, gérmenes
que frecuentemente causan las prostatitis. Por lo antedicho, las
FQ son antibióticos de elección en el tratamiento
de prostatitis.
- Infecciones gastrointestinales
Todos los patógenos bacterianos que provocan gastroenteritis
suelen ser suceptibles in vitro a las quinolonas. Alcanzan altas
concentraciones en materia fecal, aunque ésta puede reducir
su actividad. La eficacia contra infecciones sistémicas
por especies de Salmonella está favorecida por la
penetración de las FQ en los macrófagos, siendo
éstos patógenos intracelulares. Por otra parte se
ha demostrado que el uso de quinolonas en diarrea causada por
Salmonella spp. determina un prolongado estado de portador,
por lo que el tratamiento en este caso debe ser sintomático,
reservándose los antibióticos para enfermedad severa,
pacientes inmunodeprimidos o edades extremas.
Las FQ de segunda generación (ciprofloxacina o norfloxacina)
son de elección para el tratamiento de la diarrea del viajero,
pues son activas contra las etiologías más frecuentes:
Salmonella, Shigella, E. coli enteropatógeno,
Campylobacter spp., Vibrio spp., Yersinia enterocolitica,
Aeromonas hydrophila. Tienen poca actividad contra Helicobacter
pylori y no son activas contra Clostridium difficile.
Para la diarrea del viajero se indican ciprofloxacina, norfloxacina
u ofloxacina por 3 días. Las nuevas quinolonas aun no fueron
suficientemente estudiadas para esta aplicación. Si la
emergencia de cepas resistentes continúa en aumento, las
FQ, tanto viejas como nuevas, van a perder su rol para el tratamiento
empírico de las gastroenteritis bacterianas.
- Infecciones respiratorias
Las quinolonas de segunda generación no deben indicarse
para el tratamiento empírico de neumopatías agudas
comunitarias, donde S. pneumoniae es la causa más
frecuente, ya que son poco activas contra este germen. Pueden
ser útiles en el tratamiento de neumopatías hospitalarias
cuando se sospecha o se conoce que el agente es un bacilo gramnegativo.
En algunos países, las más nuevas quinolonas con
actividad antineumococo (sparfloxacina, trovafloxacina, levofloxacina
o moxifloxacina) fueron incluidas en los planes de tratamiento
empírico inicial de neumopatías agudas comunitarias.
Ello se basa en que son activas contra prácticamente todos
los gérmenes que causan neumopatías agudas (incluyendo
gérmenes "atípicos", anaerobios y S.
pneumoniae resistente) y son fáciles de administrar.
Esta indicación debiera reservarse para comunidades con
tasa elevada de S. pneumoniae con resistencia de alto nivel
a betalactámicos.
Con el fin de evitar el surgimiento de cepas resistentes se aconseja
usar estas quinolonas con prudencia, reservándolas para
casos especiales: fracaso de tratamiento, alergia a betalactámicos,
alta resistencia del neumococo comprobada (CIM no menor de 4 mg/l).
The Food and Drug Administration (FDA) Anti-Infectives Subcomite
recientemente aprobó la levofloxacina para el tratamiento
de la neumonia causada por S. pneumoniae resistente a la
penicilina.
La FDA también aprobó el uso de ciprofloxacina,
levofloxacina y moxifloxacina para tratar las exacerbaciones de
bronquitis crónicas, aunque es importante volver a recordar
la escasa actividad de ciprofloxacina frente a S. pneumoniae
y lo ya aconsejado en cuanto a la prudencia en el uso de las FQ
de última generación.
- Infecciones óseas y
articulares
S. aureus continúa siendo el microorganismo más
prevalentemente aislado en las osteomielitis hematógenas,
especialmente de huesos largos, en jóvenes sanos. También
los bacilos gramnegativos están frecuentemente en la causa
de la espondilodiscitis de los adultos. Cuando la osteomielitis
es secundaria a un foco contiguo suelen aislarse diferentes microorganismos
del hueso infectado: S. aureus, bacilos gramnegativos y
anaerobios.
Debido a que los planes terapéuticos deben ser prolongados,
los agentes orales facilitan el tratamiento. Las quinolonas pueden
cumplir este rol en razón a su espectro de actividad, eficacia
y buena penetración en hueso. Además suelen ser
bien tolerados, aun en tratamientos prolongados. Los fracasos
en el tratamiento se relacionan con: debridamiento incompleto,
presencia de cuerpos extraños, desarrollo de resistencia,
especialmente de S. aureus, P. aeruginosa o Serratia
marcescens. Como las más recientes quinolonas tienen
mayor actividad contra Staphylococcus, es de esperar mejores
resultados.
- Infecciones de piel y de tejidos
blandos
Aunque los agentes etiológicos más comunes de la
celulitis y la piodermitis son Streptococcus pyogenes y
S. aureus, los pacientes diabéticos, con enfermedad
vascular, éscaras de decúbito y heridas quirúrgicas,
pueden presentar infecciones de tejidos blandos por una asociación
bacteriana donde además participan: aerobias gramnegativas
y anaerobias. En estos grupos de pacientes, las quinolonas, solas
o asociadas, resultan eficaces.
- Infecciones sexualmente transmitidas.
Ciprofloxacina es adecuada para el tratamiento de enfermedad gonocóccica
no complicada (uretritis, cervicitis, proctitis, faringitis),
aunque ya se han descrito cepas resistentes. También es
activa frente a Haemophilus ducrey, agente de chancroide,
infección rara en nuestro medio.
Ofloxacina es la única quinolona fluorada con buena actividad
frente a Chlamydia trachomatis y se utiliza para el tratamiento
de infecciones, incluso enfermedad inflamatoria pélvica.
No se dispone de la misma en nuestro medio.
- Otros usos
El uso de quinolonas para el tratamiento de la endocarditis es
limitado. Ciprofloxacina asociada a rifampicina, ambas por vía
oral, son una alternativa para el tratamiento de endocarditis
infecciosa derecha por S. aureus en usuarios de drogas
i.v. cuando su capital venoso es insuficiente o no toleran una
permanencia prolongada en el hospital, debiendo tratarse en domicilio.
Ciprofloxacina 500 mg en dosis única puede ser empleada
para la profilaxis de los contactos de meningitis meningocóccica.
Las quionolonas son activas contra algunas ETS producidas por
Neisseria gonorrhoeae, Chlamydia trachomatis y Haemophilus
ducrey, pero no contra Treponema pallidum.
Cervicitis, uretritis, faringitis e infecciones perirrectales
gonocóccicas no complicadas pueden tratarse con una única
dosis de 250 a 500 mg de ciprofloxacina, 400 mg de ofloxacina
o 800 mg de norfloxacina. Pero no se recomiendan en adolescentes.
Para tratar infecciones por Chlamydia trachomatis, la única
quinolona aprobada por el CDC es la ofloxacina, en un curso de
7 días.
Clasificación de las
quinolonas
Primera generación:
ácido nalidíxico, cinoxacina, ácido pipemídico
Segunda generación: enoxacina, ofloxacina, ciprofloxacina,
pefloxacina, norfloxacina, amifloxacina, lomefloxacina, levofloxacina.
Tercera generación: sparfloxacina, tosufloxacina, gatifloxacina.
Cuarta generación: Trovafloxacina, clinafloxacina, moxifloxacina.
Quinolonas disponibles en
nuestro medio:
Acido nalidíxico: tabletas de 500 mg
Acido pipemídico: comprimidos de 200 y 400 mg
Ciprofloxacino: comprimidos de 250 y 500 mg. ampollas de uso i.v
de 200 y 400 mg.
Levofloxacino: comprimidos de 500 mg y frasco-ampollas de uso
i.v de 500 mg.
Norfloxacino: comprimidos de 400 mg.
Pefloxacino: comprimidos y ampollas de uso i.v. de 400 mg.
Moxifloxacino: comprimidos de 400 mg
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