2) Penicilinas resistentes a las penicinilasas estafilocóccicas
Tratándose de gérmenes sensibles, tienen 10 veces menos potencia antibacteriana que la penicilina G, pero la ventaja de ser estables frente a las penicinilasas estafilocóccicas.
Su actividad es suficiente para erradicar estafilococos, estreptococos, meningococos y gonococos, pero no son activas contra enterococos ni bacterias gram negativas.
La única indicación clínica de estas penicilinas es en el tratamiento de infecciones por estafilococo productor de penicilinasa.
Contra gérmenes meticilino-sensibles se prefieren a vancomicina ya que la última tiene una acción bactericida más lenta, es más tóxica y de mayor costo. Además vancomicina debe ser reservada para tratar infecciones en personas alérgicas a betalactámicos o por gérmenes resistentes, para evitar el desarrollo enterococos y estafilococos resistentes, lo que significaría un grave problema.
La resistencia de algunas cepas de estafilococo a estas penicilinas se debe a nuevas PFP con afinidad disminuida a las mismas. Para estas cepas los glucopéptidos suelen ser la única alternativa terapéutica, ya que estas bacterias son habitualmente resistentes a múltiples antibióticos.