|
Introducción
Los aminoglucósidos fueron introducidos en la clínica
en 1943, cuando Waksman aisló la estreptomicina a partir
de una cepa de Streptomyces griseus. Fue el primer antimicrobiano
activo frente a Mycobacterium tuberculosis, lo que le
valió a este científico obtener el premio Nobel
. A partir de otras especies de Streptomyces posteriormente
se obtuvieron neomicina (1949) y kanamicina (1957). Para mejorar
la actividad antibacteriana y disminuir la toxicidad se continuó
investigando y así surgieron: tobramicina (1967), amikacina
(1972), dibekacina (1971) y netilmicina (1975) que son semisintéticos,
excepto el primero. A partir de distintas especies del género
Micromonospora se obtuvieron gentamicina (1958) y sisomicina
(1978).
Los aminoglucósidos son
una familia de antibióticos bactericidas, muy activos
especialmente frente a enterobacterias y otros gérmenes
gramnegativos aerobios. Poseen una acción bactericida
rápida que se relaciona con la concentración que
alcanzan. Actúan independientemente de la fase vital en
que se encuentre la bacteria. Su actividad no se altera por la
magnitud del inóculo bacteriano. Raramente los gérmenes
adquieren resistencia durante el tratamiento. Se caracterizan
por su estrecho margen terapéutico, lo que obliga a administrarlos
bajo esquemas posológicos lo más exactos posible.
Son nefro y ototóxicos. |