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EVOLUCIÓN
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COMENTARIO
Aunque la reactivación de un viejo foco latente es el mecanismo patogénico más frecuente de la tuberculosis del adulto, en adultos mayores es factible la reinfección exógena. En el adulto mayor el pulmón
sigue siendo la localización más frecuente de esta
enfermedad. La misma puede cursar en apirexia y con síntomas
inespecíficos de la esfera respiratoria (tos, expectoración,
disnea); digestiva (náuseas, vómitos, anorexia)
o neurológica (depresión, confusión, demencia).
Con relativa frecuencia los síntomas respiratorios son
atribuídos a una bronquitis crónica, especialmente
si el enfermo fue o es fumador. En muchas ocasiones el diagnóstico se retarda por varias razones: forma atípica de manifestarse algunas veces la enfermedad; porque primero se piensa en otras afecciones más frecuentes a esa edad (como las neoplásicas); porque el enfermo suele tener otras enfermedades asociadas, que además pueden ser descompensadas por la tuberculosis, siendo ésta enmascarada por aquellas (diabetes complicada, insuficiencia renal, hepatopatía crónica, cardiopatía, etc. Ello fue lo que sucedió con este enfermo, donde inicialmente se orientaron los estudios buscando una enfermedad maligna de su aparato digestivo que explicara la anemia y la repercusión general. El tratamiento de la tuberculosis en el adulto mayor es el mismo que en el joven, pero los efectos tóxicos pueden observarse con mayor frecuencia, especialmente en alcoholistas o portadores de hepatopatía crónica. Estas razones y la presencia de gastritis o úlceras digestivas suelen limitar las posibilidades terapéuticas, como ocurrió en este caso. De lo anteriormente expresado
se deduce que el pronóstico de la enfermedad es menos
favorable que en el joven. |