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Paciente de 56 años,
sexo masculino, empleado administrativo, alcoholista moderado,
no fumador, con antecedentes de tener un soplo cardíaco
desde la infancia. Negó antecedente de enfermedad pulmonar,
contacto con enfermos y con animales. Hasta 6 años antes
se le realizaron controles clínicos y paraclínicos
anuales, obteniendo el Carné de Salud que requería
para su trabajo.
Su enfermedad actual comenzó 10 días antes de la
consulta con rinitis y tos seca, sin disnea, dolor, fiebre ni
repercusión general. El motivo de su ingreso al hospital
fue una hemoptisis de mediana cantidad que repitió al
día siguiente.
Del examen físico se destacó: buen estado general,
apirético, eupneico, piel y mucosas coloreadas, telangiectasias
en tronco, estertores subcrepitantes gruesos bilaterales. El
resto del examen fue normal.
Examenes paraclínicos:
- Radiografía de tórax
(figura 1 ): Trazos y nódulos densos en la parte superior
de ambos campos pulmonares, predominando a izquierda. Opacidad
densa del vértice izquierdo en medio de la cual existía
una cavidad. Fondo de saco costofrénico izquierdo cerrado
- TAC de tórax (figuras
2 y 3): retracción torácica superior izquierda,
tráquea traccionada e incurvada (traqueoescoliosis), pleura
del vértice izquierdo engrosada, cavidad pulmonar en
dicho vértice de pared gruesa y calcificaciones
- Reacción cutánea
con PPD de 7 mm
- Baciloscopías en expectoración
(3): negativas al examen directo
- Fibrobroncoscopía:
ausencia de lesiones endobrónquicas
- Baciloscopía del fluido
del lavado broncoalveolar: negativa al examen directo. El cultivo
rápido también fue negativo
- Hemograma: normal
- VES 76 mm y días después
54 mm
- Serología para VIH
negativa
figura 1  |
figura 2 |
figura 3 |
COMENTARIO
El diagnóstico fue de virosis respiratoria alta y secuela
pulmonar de probable etiología tuberculosa, atribuyéndose
el sangrado a la existencia de bronquiectasias. Esta complicación
es frecuente en las tuberculosis crónicas o curadas con
secuela, estando las mismas incluidas en medio de lesiones fibrosas
y destructivas.
Existen otras causas de hemoptisis en pacientes tuberculosos.
Poco frecuente en la actualidad es la rotura de un aneurisma
micótico de una rama de la arteria pulmonar, situado en
la pared de una vieja cavidad tuberculosa (aneurisma de Rasmussen).
La hemoptisis también puede ser la primera manifestación
de la tuberculosis cuando se cavita un exudado reciente que
evolucionó a la caseificación. También puede
sangrar una lesión tuberculosa endobronquial. Tanto las
cavidades tuberculosas curadas como las bronquiectasias pueden
ser colonizadas por Aspergillus y desarrollarse en su
interior un aspergiloma el que puede ocasionar sangrado.
La hemoptisis por rotura de aneurisma micótico o por micetoma
es de gran entidad, mientras que cuando sucede a un infiltrado
reciente que se excava es escasa.
En este enfermo se descartó actividad tuberculosa por
la ausencia de síndrome toxiinfeccioso, falta de repercusión
general y fundamentalmente por la negatividad de las baciloscopías
(directo y cultivo).
Tampoco se observó contenido intracavitario para pensar
en aspergiloma.
Como sucedió en este enfermo, ocasionalmente se encuentran
secuelas tuberculosas en las radiografía de personas que
refieren no haber padecido la enfermedad.
Como diagnósticos diferenciales se plantearon: a)
histoplasmosis crónica, la que suele ocasionar las mismas
imágenes radiológicas que la tuberculosis, pero
su frecuencia en nuestro país es mucho menor y además
en este caso no había antecedentes epidemiológicos
para sospecharla; b) neoplasma endobrónquico,
a pesar de que el paciente no era fumador.
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